...pero es que no puedo evitarlo.Estaba autoconvenciéndome de que la ira, la furia, el rebote, el cabreo, el cascarrabie, la furia, el enojo, la cólera, el arrebato, la saña, el pitufo gruñón...no ayudaban a que un buen ciudadano como yo (sí yo, qué pasa) siguiera el camino señalado por la dignidad y la mesura del hombre bueno y virtuoso. De aquel que esquiva las injusticias de los egoístas y la tiranía de los hombres malos...
Pero los cimientos se derrumban. Todo parece venire abajo. La resistencia del manso parece que llega a un triste final cuando un día de diario, normal, de los de frío invierno en una más de las grandes ciudades dormitorio del extrarradio de Madrid, coge el coche y se topa con el retrasado mental que se para en doble fila en medio de una calle que ya tiene a otro retrasado tonto el culo justo paralelo a él y a la misma altura. La fila de coches que se monta en pocos instantes, importante.
Cuando el hombre recto y bondadoso recrimina al susodicho tontolhabas que "menuda estás liando", lejos de sentirse avergonzado por descubrir súbitamente la triste realidad, el alterado y mal educado incorrecto aparcador se revuelve para mandar lejos (a tomarporculo exáctamente) al recriminador hombre virtuoso. Claro, la virtud, la integridad, la honestidad, el yin, el yan, el puto cosmos, san pito pato, bruce lee, fu manchú...todos, han de confabularse para agarrar de los cuernos al ejemplar ciudadano que se dirige a su destino tranquilamente, con su cochecito, un frío y lluvioso día de invierno.

